El uso constante de pantallas se relaciona con una menor capacidad de atención, mayor distracción, alteraciones del sueño, sedentarismo y dificultades en el aprendizaje

Ashley Rodríguez / La Voz de Michoacán

Especialistas en neurociencia y salud digital advirtieron que el uso excesivo de redes sociales y dispositivos electrónicos puede modificar el funcionamiento del cerebro de niñas, niños y adolescentes, afectando procesos como la atención, la concentración, el control de impulsos y la toma de decisiones.

Durante la conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum, la directora general de ConCiencia, Tania Jiménez García, explicó que el llamado uso problemático de la tecnología genera una liberación excesiva de dopamina, neurotransmisor asociado con el placer y la recompensa.

Detalló que, ante esa sobreestimulación, el cerebro responde reduciendo su producción de dopamina y ocultando parte de sus receptores como mecanismo de defensa, lo que provoca que actividades cotidianas como hacer ejercicio, estudiar o convivir con otras personas dejen de generar la misma satisfacción.

“Ya no solamente se trata de que un niño sea apático, sino que ya su cerebro puede funcionar de manera distinta”, señaló.

La especialista precisó que también se ve afectada la corteza prefrontal, región encargada de funciones como la atención, la regulación emocional, el control de impulsos y la toma de decisiones, lo que explica por qué muchos adolescentes presentan mayores dificultades para concentrarse, resolver problemas o controlar sus emociones.

Por su parte, Lucía Magis Wimer, directora del Centro de Juventud Digital de la Universidad de Washington, explicó que el cerebro adolescente atraviesa una etapa de alta vulnerabilidad, ya que el sistema de recompensa madura antes que las áreas responsables del autocontrol.

Detalló que el sistema encargado de las emociones y la búsqueda de recompensas alcanza su madurez alrededor de los 15 años, mientras que la corteza prefrontal, responsable del control de impulsos, la regulación emocional y la toma de decisiones, termina de desarrollarse hasta los 20 o 25 años.

Indicó que las plataformas digitales están diseñadas para activar estos sistemas cerebrales mediante recompensas inmediatas, lo que favorece la formación de hábitos poco saludables y, en algunos casos, el desarrollo de conductas adictivas.

Señaló que esta condición convierte a la adolescencia en una etapa de grandes oportunidades para aprender, explorar y construir la identidad, pero también de mayor vulnerabilidad frente a riesgos como la presión social, los malos hábitos y los problemas de salud mental.

Además, señaló que el uso constante de pantallas se relaciona con una menor capacidad de atención, mayor distracción, alteraciones del sueño, sedentarismo y dificultades en el aprendizaje, especialmente cuando el acceso a dispositivos ocurre antes de los 12 años.

No obstante, ambas especialistas destacaron que el cerebro cuenta con neuroplasticidad, es decir, la capacidad de reorganizarse y recuperarse mediante la reducción del uso de dispositivos, el acompañamiento familiar y la adopción de hábitos saludables, por lo que hicieron un llamado a promover un uso responsable de la tecnología desde edades tempranas.