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Historias
Sábado, 25 Julio 2026

Pancho Zepeda: El hombre que editó la vida cuadro por cuadro

Morelia, Michoacán.- La cámara fue el lugar donde Francisco Javier Zepeda aprendió a mirar el mundo, durante décadas observó la historia desde detrás del lente, registró acontecimientos políticos, culturales y sociales, convivió con artistas, presidentes, toreros y personajes que ocupaban las primeras planas.

Sin embargo, la historia más profunda nunca apareció en una pantalla, permaneció resguardada en la memoria de su hija Yhusy, quien recuerda a un hombre apasionado por su oficio, obstinado con la perfección y convencido de que el trabajo era una forma de vivir.

Para ella, Pancho nunca fue solamente un periodista o un productor de televisión, fue un padre que encontró el rumbo gracias a la llegada de una hija; un hombre que hizo de la creatividad una disciplina cotidiana y alguien que siguió editando imágenes aun cuando su cuerpo comenzaba a rendirse ante la enfermedad.

Su vida, como la de todos, estuvo llena de luces y sombras; conoció el éxito profesional, pero también el desgaste de una profesión absorbente.

Alcanzó posiciones importantes dentro de la televisión, aunque pagó un costo personal que terminó reflejándose en su salud, y aun así, nunca permitió que el trabajo abandonara su vida.

“Él nunca dejó de trabajar. Se conectaba a las máquinas, iba a hemodializar e incluso se llevaba el teléfono y le daban chance de que estuviera ahí haciendo su trabajo”, recuerda Yhusy.

Una hija le dio el rumbo que no encontraba

Mucho antes de dirigir producciones o recorrer el estado con una cámara al hombro, Francisco Javier Zepeda era un muchacho que todavía no sabía qué hacer con su vida.

La juventud transcurría entre el deporte, las amistades y una rutina sin demasiados planes, hasta que una noticia modificó por completo el horizonte que tenía enfrente.

La llegada de su primera hija apareció como el momento que lo obligó a dejar atrás aquella etapa y comenzar a construir un proyecto de vida.

“Yo considero que la carrera lo rescató porque realmente él, yo creo que hasta sus 17 años no sabía ni qué quería hacer de su vida”, cuenta Yhusy.

Su padre solía hablar con sinceridad de aquellos años, incluso con cierta ironía al recordar la forma en que vivía antes de convertirse en padre.

“Decía que era un vago profesional. No tenía oficio ni beneficio más que andar de conquistador con las muchachas y haciendo deporte. Le gustaba mucho el básquetbol”, relata.

Pero la noticia del embarazo no despertó miedo, despertó determinación.

“Para él no fue como una impresión de preocupación y tensión o de este exceso de responsabilidad que se le venía, sino más bien fue como un motor, un gran impulso el hecho de convertirse en papá”, explica.

Fue entonces cuando buscó el apoyo de su padre, también periodista, quien le abrió la puerta del Sistema Michoacano de Radio y Televisión, el lugar donde comenzaría una historia profesional que se extendería durante varias décadas.

Aprender desde abajo para llegar hasta la cima

Francisco Javier Zepeda nunca ocultó que su carrera comenzó desde los puestos más sencillos, ya que, antes de dirigir equipos de producción pasó por cada una de las etapas que forman parte de una televisora.

Aprendió el oficio con paciencia y entendió que ninguna responsabilidad era menor cuando se trataba de construir una buena historia.

“Mi papá empezó desde de jalacables, asistente de camarógrafo, camarógrafo. O sea, él fue escalando, haciéndose carrera”, recuerda su hija.

Ese aprendizaje le permitió conocer el funcionamiento de una producción desde todos sus ángulos.

Más tarde decidió emprender una productora independiente y poco después obtuvo la corresponsalía de Televisa tras ganar un concurso, una oportunidad que marcó el momento de mayor crecimiento profesional.

Con el tiempo llegó a desempeñarse como gerente de producción y postproducción de Canal 13, una responsabilidad que asumió siendo todavía muy joven.

Para Yhusy, buena parte de ese crecimiento tuvo una explicación sencilla: su padre nunca dejó de estudiar.

“Siempre fue muy pendiente de estar mejorando. Se estuvo él inscribiendo cuanto curso podía”, señala.

La preparación permanente lo llevó incluso a desempeñarse como asesor de imagen de un gobernador y a tomar cursos especializados con profesionales del cine y la comunicación.

El hombre que perseguía la perfección

Había una escena que Yushy vio repetirse durante años: Su padre encerrado durante horas frente a una computadora, concentrado únicamente en una edición, en una producción o en una idea que todavía no terminaba de tomar forma.

El tiempo parecía detenerse cuando trabajaba, pues narró: “Yo lo recuerdo todo el tiempo con su computadora, su equipo. Le gustaba mucho aislarse un poquito para dedicarse y pasaba horas y horas haciendo lo que tanto él más amaba”.

Su capacidad técnica llamó la atención de quienes compartimos proyectos con él, ya que no sólo dominaba los procesos audiovisuales, también desarrolló una rapidez poco común para resolver problemas y construir productos terminados.

“Él decía que le sorprendía a él mismo cómo podía ir mejorando. Lo que a muchos les costaba muchas horas o días en realizar una edición, él la podía hacer en lapsos muy cortos”, relata Yhusy.

Aquella facilidad terminó convirtiéndose en una de las razones por las que era buscado constantemente para participar en distintos proyectos.

Los privilegios y los riesgos del periodismo

La profesión llevó a Francisco Javier Zepeda a lugares que pocas personas tienen oportunidad de conocer; cubrió eventos donde convivió con artistas, políticos y personajes que marcaron una época.

Entre las historias que compartía con su hija estaba la ocasión en que permaneció a unos metros del papa Juan Pablo II durante una cobertura.

“Me comentó que estaba como a menos de dos metros de distancia que le tocó estar del Papa Juan Pablo II”, recuerda.

También estuvo cerca de Luis Donaldo Colosio y de numerosas figuras del espectáculo, además de cubrir acontecimientos relacionados con fenómenos esotéricos y otros temas que despertaban el interés del público.

Pero la profesión no siempre estuvo rodeada de momentos memorables, las coberturas de hechos violentos y las investigaciones también representaron riesgos.

Yushy explica que su padre evitaba hablar demasiado sobre esos episodios porque prefería proteger a su familia.

“Mi papá se reservaba muchas cosas. Yo creo que también por protección a nosotros”, comenta.

Entre los pocos episodios que decidió contarle estaba una situación particularmente delicada.

“Lo único que me llegó a decir es que hubo un momento donde sí estuvo investigado y que por ahí un presidente hasta intentó meterlo a la cárcel”, recuerda.

Aquellas experiencias fueron suficientes para convencerlo de que sus hijos no debían dedicarse al periodismo, pues conocía el privilegio de informar, pero también las consecuencias que podía traer hacerlo.

Las heridas que no aparecieron frente a la cámara

La intensidad con la que vivía el trabajo también terminó reflejándose en otros aspectos de su vida.

Según recuerda Yhusy, la presión constante, los eventos sociales y el ambiente que rodeaba algunas coberturas fueron factores que influyeron en una etapa marcada por las adicciones.

“Fue cuando mi papá justo empezó con su tema de adicciones, por lo mismo del estrés, la presión del trabajo”, explica.

La familia intentó ayudarlo en distintos momentos para que ingresara a procesos de rehabilitación, pero el ritmo de trabajo y la demanda profesional hicieron que nunca pudiera mantenerse alejado de sus responsabilidades el tiempo suficiente.

Con el paso de los años las consecuencias comenzaron a hacerse visibles: La diabetes descontrolada derivó en una enfermedad renal que terminó deteriorando su organismo.

Sin embargo, la enfermedad nunca logró apartarlo completamente del oficio que había elegido cuando era apenas un muchacho.

Incluso durante las sesiones de hemodiálisis seguía respondiendo llamadas, atendiendo pendientes y pensando en proyectos que todavía quería concluir.

“Él fallece y todavía deja muchas cosas inconclusas. Hay gente que me dice: ‘Se nos va este cerebro tan ingenioso, tan creativo y nos va a hacer mucha falta’”, recuerda su hija.

Un padre vestido de luces

Antes de enamorarse definitivamente de las cámaras, Francisco Javier Zepeda soñó con convertirse en torero.

Entrenó, toreó vaquillas y alcanzó el grado de novillero hasta que una cornada en Moroleón cambió sus planes.

“Dice que no volvió a salir de ahí. Ahí dijo: ‘No, yo prefiero ver los toros desde la barrera’”, relata Yushy.

La afición nunca desapareció, por el contrario, terminó convirtiéndose en uno de los vínculos más fuertes entre padre e hija, ya que ella también vistió el traje de luces y compartió con él entrenamientos, tientas y tardes de plaza.

Uno de esos recuerdos quedó grabado para siempre cuando un toro la embistió durante una práctica en la Plaza de Toros de La Barca, Jalisco, y sin pensarlo, Pancho corrió hacia el ruedo.

“Mi papá es el primero que se lanza al ruedo para hacer el quite y que me quitaran al toro”, cuenta.

Años después, cuando Yhushy decidió dedicarse profesionalmente a la danza árabe y al flamenco, Pancho siguió acompañándola desde otra distancia.

Diseñaba carteles, editaba videos y apoyaba sus proyectos, aunque confesaba que le costaba verla sobre el escenario.

“Mi papá era bastante celoso. Yo siento que fue por el cambio tan drástico de verme vestida de torera a verme bailando belly dance”, recuerda entre sonrisas.

El hombre que nunca soltó la cámara

Fuera del trabajo disfrutaba recorrer pueblos, probar la gastronomía regional, visitar ferias y compartir con su familia los lugares que habían marcado su infancia.

Le gustaba regresar a Pátzcuaro y contar historias de quienes habían formado parte de su vida.

Era un hombre que encontraba belleza en la cultura popular con la misma facilidad con la que encontraba un buen encuadre para una producción televisiva.

Quizá por eso, cuando la enfermedad comenzó a apagar lentamente su cuerpo, nunca dejó que también se apagara su vocación.

Hasta el final siguió haciendo lo que había aprendido cuando apenas era un muchacho que buscaba darle un mejor futuro a su hija.

Francisco Javier Zepeda dedicó su vida a contar las historias de los demás. Hoy, son los recuerdos de Yhusy los que terminan contando la suya, porque detrás de cada imagen que produjo durante décadas había un hombre que nunca dejó de creer que el siguiente trabajo podía ser mejor que el anterior, incluso cuando el tiempo comenzaba a agotarse.

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