El protagonista le da vida a un personaje muy cotidiano, el arquetipo de hombres que son adultos en edad pero no en mentalidad, aquellos que no buscan independencia debido al confort que les ofrecen sus madres
Martha Bernal, colaboradora La Voz de Michoacán
El presidente Lázaro Cárdenas en 1938, Lucho en Nosotros los nobles, Moisés en Club de Cuervos, y Bobby en su último estreno Hijo de familia. Ianis Guerrero es un actor, director y productor mexicano con 20 años de trayectoria, desde roles dramáticos a cómicos, Ianis se destaca en la industria.
La cinta Hijo de familia del director Rafa Lara se estrenó en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara, donde es parte de la Selección Oficial de la edición del 2025. Ahora se encuentra disponible en cartelera en diversos cines de la república, contando la historia de Bobby, quien a sus 35 años tiene todo, menos su propia vivienda, y nulo interés de cambiar su entorno.
El protagonista le da vida a un personaje muy cotidiano, el arquetipo de hombres que son adultos en edad pero no en mentalidad, aquellos que no buscan independencia debido al confort que les ofrecen sus madres gracias a las labores domésticas no remuneradas como la cocina, la ropa lavada, y la limpieza. Sumado a la gentrificación que aumenta la renta y los servicios; todos estos son factores que detienen a Bobby de mudarse.
En conversación con Guerrero, nos lleva por lo que ha sido su instrucción actoral en el extranjero, la actitud que uno debe mantener ante los veredictos que crea la audiencia, y todos los obstáculos que la cinta Hijo de familia tuvo que atravesar para hoy llegar a las salas de cine.
¿Cómo te sientes de estar aquí? ¿Has estado en Michoacán antes?
Muy contento, muy feliz. Fíjate que parte de mi familia es de Morelia, de parte de mi bisabuela, tenían unos billares que se llamaban Billares Corona, se llamaba María Corona. Entonces, tengo mucho, mucho cariño por Michoacán. Además, hice una película 1938, haciendo del general Lázaro Cárdenas, que también es muy querido por acá. Además, he venido mucho al Festival de Cine de Morelia, que me encanta, de los mejores festivales de México y del mundo. Tengo mucho cariño por Michoacán.
¿Cuál proyecto te ha retado más profesional y personalmente?
Pues yo creo que cada proyecto tiene sus propias dificultades, por ejemplo: aunque es una comedia, Hijo de familia, tenía también sus dificultades, porque es una película que tuvimos que parar el rodaje durante un momento porque ya no teníamos fondos estatales, cambiaron el FIDECINE. Entonces lo tuvimos que retomar un año después, la filmación. Esa complejidad de regresar al personaje después de que se paró la película era difícil. También aguantar un poquito el desgaste, porque los fondos son anuales, entonces tienes que esperar.
Luego, tuvimos que esperar porque estábamos como en una especie de pausa administrativa, por cuestiones ajenas a la propia película. Esa parte de decir el cine al final se termina abriendo camino. Es una película que le costó tanto, tanto nacer, que yo creo que viene con fuerza porque, pues es muy resiliente esta película, la verdad. Pasamos tantas pruebas para lograrla, para llegar a las pantallas, que finalmente el 19 de marzo se estrena, yo creo que ya el simple hecho de que esté aquí es una gran noticia.
Has dirigido cortometrajes y has actuado en películas y series, ¿tú qué prefieres, la actuación o la dirección?
Es una muy buena pregunta. Fíjate que mucha gente me la hace, pero yo lo que pienso es que el cine es como una fiesta. A mí me encanta ir a fiestas, supongo que a todo mundo. Ser director o productor es como si tú hicieras la fiesta: invitas a tus amigos, pones la música, escoges el lugar, lo que vas a dar de tomar o de comer, o todo, escoges todo; ese es el director y el productor de cine.
Y ser actor es ir a la fiesta: llegas, te invitan, hasta llegas tarde, bailas y te vas, y no te quedas al final y no estás en el principio. Pero los dos son una fiesta y a veces me gusta dirigir, a veces actuar. La verdad que son dos lugares increíbles. La actuación me ha dado muchísimo, la dirección también. Es muy padre dirigir porque son tus proyectos personales, y actuar es padrísimo porque también te invitan a unas fiestas padrísimas, o sea, la fiesta del cine.
Leí que estudiaste en Cuba y después en Francia, ¿cómo fue para ti vivir en estas culturas y países?, y ¿consideras que dependiendo del lugar en el que estés, se ve a la actuación de manera diferente?
Cien por ciento, cien por ciento, que buena pregunta. Fíjate que cuando estaba en Cuba me di cuenta que la actuación que hacen allá es una actuación muy física, están muy concentrados en el físico. Yo estaba en el Instituto Superior de Arte de La Habana, y el instituto tiene la Facultad de Artes Escénicas, que mezcla danza y teatro. Entonces, en la parte de danza, pues imagínate la técnica de la danza clásica del ballet cubano es increíble. Estábamos muy influenciados por este teatro del cuerpo, un teatro muy físico, un teatro muy acrobático, un teatro de mucha gestualidad.
A diferencia de Francia, que están casi desconectados del cuerpo por completo. Es totalmente, todo es intelectual, los grandes pensadores clásicos: Racine, Molière, Corneille, está todo muy cerebral. Yo siento que en México estamos tal vez un poquito más cerca del cuerpo, pero es como un in between, como a la mitad entre el cuerpo y el cerebro. Podemos ser muy cerebrales, algún tipo de teatro, pero también somos muy corporales, muy físicos y muy alegres, siento que es más latino ese tipo de teatro.
¿Tienes preferencia por alguno en específico o hay algo que te haya influenciado más de estas dos corrientes?
Yo creo que yo soy mexicano y como mexicano, pues me complemento de las dos cosas. No me identifico plenamente con el teatro cubano, que es cien por ciento corporal y para nada me identifico con el teatro francés, que es cien por ciento mental e intelectual. Soy mexicano, entonces tengo como las dos cosas a la vez. Puedes llorar con las de Luis Miguel, o cantar un mariachi, o bailar cumbia, o estar en el pecero. Yo creo que esa flexibilidad es con la que más me siento identificado.
Hijo de familia toca temas muy contemporáneos como la gentrificación y la brecha que tenemos los jóvenes para acceder a la vivienda. ¿Cómo crees que esta película aporta a esa conversación?
Yo creo que el cine y el arte tiene la ventaja de que su rol es poner la conversación sobre la mesa, como cuestionar, hace poquito estaba viendo una película que tiene una famosa imagen que dice: “Esto no es una pipa”, dice Ceci n'est pas une pipe. Y me quedé reflexionando, justamente, es lo que genera esa imagen, te pone a pensar, dices: “Okey, eso no es una pipa, es la imagen de una pipa donde está escrito que no es una pipa, por lo tanto no es una pipa, pero sí es una pipa, pero no es una pipa”.
Ahí está la reflexión del artista, de poner sobre la mesa esa cuestión. No te está resolviendo nada, pero te está haciendo reflexionar y genera todo un debate. Yo creo que ahí está la labor del arte. Por supuesto que el arte es político también y por supuesto que todo lo que hacemos es político, y claro que hay una reflexión y una orientación de esta reflexión. Sin embargo, también queremos cuestionar, ¿no? Queremos decir: “Bueno, esto es lo que pasó en esta historia, pero ¿qué tal tú y tu historia? ¿Qué piensas tú de lo que pasó en esta historia?”.
Por último, ¿cómo respondes a las críticas en un trabajo tan público?
Yo creo que no puedes hacer algo público y no esperar las críticas. O sea, a partir del momento en que tú eres actor y sales a la calle y haces una cosa pública, pues la gente va a opinar, va a decir: “Ay, qué pésimo actor”, o “qué maravilloso actor”, o “me encanta”, o “lo odio”, o “lo amo”, o “me quiero casar con él”, o “lo quiero matar”. ¿Me entiendes? Es lo propio del trabajo público. Por eso muchos artistas no salen, no quieren esa confrontación, porque dicen: “Yo ya hice la película, ya, yo no quiero saber las críticas, yo no me quiero enterar”.
Realmente te voy a decir, siéndote muy, muy, muy sincero y muy honesto, pues llevo ya casi veinte años en este trabajo y desde el primer trabajo, pues lees cosas positivas, cosas negativas. Siempre trato de encontrarle algo positivo a las cosas, o sea, uno nunca le termina de gustar a todos, es lo normal. Raro sería, me parecería extraño que todo mundo lo amara, diría: “Órale, qué raro. ¿Qué cosa tan mal habré hecho que a todo el mundo les he encantado” O sea, qué raro, ¿no?
Creo que también es parte de un poquito de la disyuntiva de los premios en las cosas artísticas, que te dicen: “Mejor película/Oscar/mejor actor/mejor director”. Y tú como espectador dices: “Ay, no, a mí no me conmovió él, me conmovió el de al lado”, o “No, que chafa, qué porquería, qué robo”. Yo creo que ese es el problema del arte, que creo que está bien, siempre es muy interesante, porque al final por eso hace uno las cosas, para enseñárselas al público.