TRANSFORMANDO

“La ausencia de oposición no elimina contrapesos,
solo hace que algunos lleguen desde fuera de México”.

Durante muchos años escuchamos que el principal obstáculo para que México avanzara era la oposición, se decía que el Congreso detenía reformas, que los partidos privilegiaban sus intereses electorales y que cualquier intento de transformación terminaba atorado porque siempre había alguien dispuesto a votar en contra, el argumento parecía lógico y, en algunos momentos, incluso era cierto, hubo oposiciones que confundieron el contrapeso con el bloqueo y terminaron alejándose de los ciudadanos.

Sin embargo, una cosa es tener una mala oposición y otra muy distinta es no tenerla.

Hoy México vive un escenario que hace apenas unos años parecía imposible, un solo movimiento político gobierna la Presidencia de la República, la gran mayoría de los estados y tiene una fuerza determinante en el Congreso, más allá de simpatías o diferencias, es un hecho que el poder pocas veces había estado tan concentrado en la historia democrática reciente del país.

La pregunta entonces deja de ser si la oposición era un problema y pasa a ser otra mucho más interesante: ¿qué ocurre cuando prácticamente desaparecen los contrapesos políticos?

Algunos responderán que eso facilita gobernar porque ya no existen obstáculos para sacar adelante proyectos y reformas, es verdad, las decisiones se toman con mayor rapidez, el problema es que la velocidad nunca ha sido sinónimo de acierto, la historia demuestra que muchos gobiernos terminaron equivocándose precisamente porque dejaron de escuchar.

Los contrapesos nunca fueron un premio para los partidos que pierden las elecciones, fueron una protección para los ciudadanos frente a cualquier gobierno que, con el paso del tiempo, pudiera convencerse de que siempre tiene la razón, la democracia no parte de la idea de que los gobernantes sean malos, sino de un principio mucho más sencillo: todo poder necesita límites, incluso cuando nace de las urnas.

Basta observar lo que ocurre hoy, la inseguridad sigue siendo una preocupación cotidiana, el sistema de salud continúa enfrentando enormes desafíos, la educación mantiene rezagos históricos y la economía permanece estrechamente ligada a decisiones que se toman fuera del país, es evidente que la desaparición de una oposición competitiva no hizo desaparecer los problemas nacionales.

Lo que sí cambió fue el origen de los contrapesos.

Hoy buena parte de las decisiones económicas y políticas del gobierno mexicano están condicionadas por la relación con Estados Unidos, por las revisiones del T-MEC, por la confianza de los inversionistas, por las evaluaciones de las calificadoras internacionales y por la incertidumbre que generan las decisiones de Donald Trump, los límites al poder no desaparecieron, simplemente dejaron de estar dentro del país.

Esa es la verdadera paradoja, mientras más débil se vuelve la discusión interna, mayor termina siendo la influencia de factores externos sobre las decisiones nacionales, ningún país debería depender de la presión de un presidente extranjero, de una calificadora o de los mercados para corregir aquello que sus propias instituciones tendrían que debatir.

Por eso esta no es una reflexión sobre Morena, mañana podría gobernar cualquier otro partido con una mayoría semejante y el riesgo sería exactamente el mismo, todos los gobiernos prefieren tener menos voces que los cuestionen y más manos que respalden sus decisiones, ahí es donde una democracia demuestra su fortaleza, no cuando un gobierno concentra más poder, sino cuando entiende que escuchar a quien piensa distinto no debilita su autoridad, la fortalece.

Quizá durante años estuvimos haciéndonos la pregunta equivocada, no era si México necesitaba menos oposición, la verdadera pregunta siempre fue quién iba a ponerle límites al poder cuando la oposición dejara de hacerlo.

Porque el mayor riesgo para una democracia nunca ha sido tener demasiados contrapesos, el verdadero riesgo aparece cuando un gobierno, cualquiera que sea su origen o su ideología, comienza a creer que ya no necesita escuchar a nadie.

POSDATA:

“…Mientras discutimos quién concentra más poder en México, Estados Unidos sigue demostrando que la influencia no siempre se ejerce con votos; muchas veces basta con controlar el comercio, la inversión o la negociación…”

Es tiempo de los ciudadanos… ¡¡¡¡de contrapeso!!!!

El autor es empresario, analista y expresidente de la CANACINTRA Michoacán.