• Además, no solo se trata de movilidad de altura, de un ir y venir, sino de cómo se siente ir arriba.
Uruapan, Mich. | Agencia ACG.- En la estación 4 del teleférico de Uruapan no hay arranque brusco ni ese momento típico de “ahora sí, vámonos”. Aquí todo sucede mientras pasa: la cabina avanza lento, lo suficiente para que te acomodes, tomes asiento y escuches, entre indicaciones técnicas, te explican detalles del sistema. Afuera, el andén sigue su ritmo; adentro, el viaje ya empezó.
La puerta se cierra y, casi sin sentirlo, la cabina gana velocidad.
El ascenso es suave. Primero aparece el centro de Uruapan: calles que se cruzan, autos diminutos, techos que forman patrones irregulares.
Luego, el paisaje cambia. El verde comienza a abrirse paso hasta dominar la vista cuando el trayecto alcanza la zona del Parque Nacional Barranca del Cupatitzio. Desde arriba, la ciudad deja de ser ruido y se convierte en imagen.
El recorrido entre la estación 4 y la 6 toma alrededor de 20 minutos de ida y vuelta, pero el tiempo se percibe distinto allá arriba. No hay sacudidas ni interrupciones: el sistema nunca se detiene por completo. Solo baja la velocidad, lo suficiente para que la experiencia siga siendo continua, casi como si flotaras sobre la ciudad.
Antes de llegar a cada estación, la cabina desacelera. No frena del todo: se desliza. Permite que la gente baje y suba mientras el sistema sigue en marcha, pensado para todos: personas con discapacidad, usuarios en silla de ruedas, quienes llevan bicicleta o incluso animales de compañía. Son 91 cabinas, cada una con capacidad para 10 personas, moviéndose como parte de un mismo engranaje en el aire.
Al llegar a la estación 6, el proceso se repite. La cabina entra despacio, casi en silencio. Afuera, el movimiento es breve: puertas que se abren, pasos que cambian, miradas que se cruzan. Luego, otra vez, el impulso. El regreso ofrece otra perspectiva. Los cerros al fondo, la mancha urbana extendiéndose, la vida cotidiana reducida a escenas pequeñas: ropa en azoteas, calles que suben y bajan, la ciudad latiendo debajo.
A unos días de su inauguración este 18 de abril, el teleférico de Uruapan no solo perfila una nueva forma de moverse en sus 8.5 kilómetros de recorrido y seis estaciones. Propone otra manera de mirar.
Si, el teleférico de Uruapan no solo se trata de movilidad de altura, de un ir y venir, sino de cómo se siente ir arriba.
