Uruapan, Michoacán/Por: Alfredo Soria/ACG

En el Tianguis Artesanal de Domingo de Ramos no solo se exhiben piezas de barro, madera o textil. También se pone sobre la mesa la expectativa de quienes llegan a Uruapan con la esperanza de que estos días les alcancen para mover su trabajo, recuperar gastos y volver a casa con las manos vacías de mercancía, pero llenas de venta.

Detrás de cada puesto no solo hay una artesanía: hay una apuesta por que la gente mire, se acerque y compre.

Cecilia Lorenzo, artesana de Huáncito, llegó con sus cazuelas de alfarería con una idea clara: “Esperamos que vendamos todo lo que traemos, las artesanías de Huáncito”. Su voz se suma a la de decenas de creadoras y creadores que ven en Uruapan una vitrina clave para sacar adelante el trabajo que elaboran durante meses.

Lo mismo expresó Manuel Leal, de Capula, quien ofrece catrinas y catrines de barro y resumió el ánimo con el que arrancó el encuentro: “Esperemos que este año, al igual que todos los años que hemos venido, a los artesanos nos vaya muy bien… buena suerte, artesanos”.

En uno de los extremos del tianguis, Celia Pascual llamó la atención con las figuras que llevó desde Ocumicho. “Estamos en el Tianguis de Uruapan, venimos de Ocumicho”, contó. En su puesto hay alebrijes, diablitos y máscaras, piezas que cargan con el sello de una de las comunidades artesanales más reconocidas del estado.

Su expectativa también es directa: “Venimos esperando que vengan a comprar y vender todo lo que traemos”. La frase se repite con distintas palabras entre los pasillos, como si todo el tianguis compartiera una misma petición.

Desde Santa Fe de la Laguna, en el municipio de Quiroga, Itzel Hernández llegó con ollas, miniaturas y juguete de barro. “La artesanía que manejamos es la alfarería, son ollitas de barro, miniaturas y cositas de juguete en barro, y usamos diferentes tipos de técnicas”, explicó.

Más que hablar de una sola pieza, habló de lo que esperan al cierre de la jornada: “Esperamos que haya una buena venta y que la gente se vaya contenta con nuestra artesanía y que a todos nos vaya bien”. Esa idea de que no solo le vaya bien a uno, sino a todos, atraviesa el ánimo del tianguis.

No todas las voces, sin embargo, llegan con el mismo entusiasmo. María Imelda, llevó artesanías de madera como rodillos, cucharas, cortineros, máquinas para hacer tortillas y juguetes. Su llamado fue más apremiante que promocional: “Esperamos que vengan a comprar porque no estamos vendiendo”.

En una sola frase dejó ver la otra cara del tianguis: la del esfuerzo que no siempre se traduce de inmediato en ventas, aunque el trabajo esté ahí, expuesto, esperando comprador.

Algo similar expresó Josefina Rubio, de Nurio, quien ofrece ropa típica hecha a mano. “Esperemos que venga mucha gente a este tianguis para comprar”, dijo.

En esa frase sencilla cabe buena parte del sentido de este encuentro: para el visitante, el tianguis puede ser paseo, tradición o color; para quienes llegaron desde sus comunidades, también es una oportunidad decisiva para colocar su trabajo y sostener un oficio que da identidad, pero que también necesita mercado.